Hablando de próceres, héroes e independencia

Blog page

La figura de prócer, palabra cuyo significado remite a cosas elevadas, sobresalientes, insignes, gloriosas, ha sido históricamente relacionada e identificada con figuras masculinas; en la historia de nuestra independencia; esta palabra ha sido siempre utilizada para referirse a los hombres que jugaron un papel decisivo en la consecución de dicha independencia, en campos que van desde las letras hasta los aspectos militares y políticos, sin embargo, el hecho claro e innegable de la existencia de próceres femeninas en nuestras luchas de independencia nos hace pensar muchas veces en cuán injusta ha sido la historia, en el sentido en que un apelativo de tan alta distinción no nos haga pensar naturalmente también en las mujeres que por sus esfuerzos, por su espíritu de combate, por su bondad y capacidad de acción y decisión, merecen llevar de igual manera este título, y en las cuales también deberíamos pensar cuando una palabra de tal dimensión es mencionada, pues sus historias, las historias de estas mujeres, no harían otra cosa que honrar y elevar aún más el sentido de este término.

El papel de la mujer en el proceso de independencia de todo el continente suramericano fue un papel de indiscutible importancia; en todos los campos, desde el militar hasta el intelectual, del político al cotidiano.

Hacer un repaso por algunas de estas figuras femeninas será siempre obligado mientras no exista el sentimiento justo que debería existir en todos los ciudadanos de una nación, sentimiento de agradecimiento y de reconocimiento, tanto para los próceres masculinos como por las próceres femeninas, que no son pocas; y cuyas acciones fueron siempre de dramática importancia para el desarrollo de la lucha por la independencia de todo un continente. Quién no ha oído, por lo menos alguna vez, el nombre de Manuelita Sáenz, este nombre, ligado irremediablemente al nombre del libertador del continente, muchas veces nos remite solamente a pensar en la compañera sentimental de Simón Bolívar, otras veces se nos habla de su gran belleza y de su fidelidad al libertador; la mayoría de aspectos de su vida, y de la manera valiente como batalló cuando tuvo que hacerlo casi nunca nos son referidos; hechos tan importantes como su incursión en la batalla de Pichincha , recibiendo el alto grado militar de Teniente de Húsares del Ejercito Libertador, para luego ser nombrada coronela por el General Antonio José de Sucre, y su no menos importante participación como combatiente en la batalla de Ayacucho; hechos comprobables históricamente, como históricamente es verificable asimismo el hecho de que la señorita Sáenz salvó en más de una oportunidad la vida del Libertador de América. Manuelita, lejos de haber muerto rodeada de honores militares, pasó el final de su vida vendiendo dulcecitos en alguna playa latinoamericana, olvidando de la memoria aquellos tiempos de su vida honorable y gloriosa, lejos de la pompa del reconocimiento. Vida honorable, valiente y gloriosa que en muchas ocasiones ha sido menospreciada, amañada, o ya definitivamente olvidada por los libros de historia y, por consiguiente, por una gran cantidad de generaciones posteriores de mujeres. No le quita nada a su gran función ese hecho, pero el deber de la historia es procurar porque el testimonio de este tipo de maravillosas vidas llegue a las generaciones venideras, más cuando son mujeres las que se destacan de una manera tan prolífica y honorable a favor de un continente y de una causa de tal manera substancial.

Casos incontables de mujeres próceres se habrá de encontrar aquel que se tome el trabajo de estudiar un poco más ampliamente la historia de ese venturoso proceso que condujo a todo un continente a su libertad. Manuela Beltrán, colombiana, cuyas acciones y valentía condujeron a la revolución comunera; revolución que sirvió para que el sentimiento de rencor por las agresiones y luego por los incumplimientos por parte del Reino de España hacia la tierra granadina se hicieran más profundos en las mentes y en los corazones de sus habitantes. El Reino tirano, a partir de ese momento, si es que todavía tenía alguna, perdió toda su credibilidad; Doña Manuela Beltrán fue la chispa que prendió la explosión de aquella revolución. Los casos, según he ya mencionado, se cuentan por decenas, lo que nos hace reflexionar de una manera muy especial en la función que siempre ha cumplido la mujer en la historia de las civilizaciones, su presencia plena de sentido y capacidad de bondad, pero también de lucha.

Pensar en la celebración de la independencia, es pensar también en la gran cantidad de mujeres que dedicaron su vida a esta causa, es entender que desde antes que nuestro país siquiera estuviera constituido como tal, miles de mujeres estuvieron dispuestas a dar su vida por la libertad; es entender que la lucha por la libertad sigue, y que las mujeres, según la historia nos lo ha enseñado, somos capaces de enfrentar cualquier lucha de una manera honorable, valiente, inteligente y sensible; es pensar en que los desafíos que la actualidad pone frente a nosotras no pueden contra una tradición de amor por la libertad y por la igualdad de la cuales somos herederas, herencia ésta, que nos impone la obligación y nos da el derecho, de seguir luchando por los sueños de aquellas mujeres que hicieron historia, y que siempre imaginaron como victoria, ciudades más justas y libres, donde el reconocimiento del papel de la mujer, la equidad entre géneros y la igualdad de oportunidades, se conviertan en principios rectores de la sociedad.

¡Ya hemos dado nuestro grito de independencia ; ¡ahora es momento de levantar las banderas que nos permitan alcanzar el reconocimiento pleno de nuestros derechos y la igualdad de oportunidades!.